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lunes, 16 de abril de 2007

Galerías Porteñas: Calles con Estilo.




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Galerías Porteñas: Calles con Estilo.

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Algunos hablaron de falta de originalidad,
para otros fue una muestra cabal de una
pujante Buenos Aires que a principios del
siglo XX competía en lujo con las
grandes capitales europeas.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que
estas elegantes calles son un eslabón más
que enlaza a numerosos argentinos
con su pasado,
constituyéndose en un relevante patrimonio cultural
totalmente compenetrado con el alma y la idiosincrasia de los porteños.

Por Pablo Rodríguez Leirado.
http://www.almargen.com.ar/sitio/seccion/turismo/galbaires/index.html


Las mujeres y los hombres que transitaron esas calles por primera vez muy probablemente habrán lanzado un profundo suspiro.

Y es que los motivos perfectamente pudieron haber sido la nostalgia de los inmigrantes y su descendencia, y la orgullosa satisfacción que sintieron por la íntima confirmación de poderío.

Nada como Europa para la mentalidad porteña de principios del siglo XX.

Por esas mismas calles, pero ligeramente modificadas y casi cien años más tarde, "los hijos de los barcos" tienen diferentes sensaciones a las de sus ancestros. En realidad la conexión ya no es tanto con Europa sino con la historia personal.

¿Cómo aparecieron en Buenos Aires?

A partir de 1880, Argentina comienza a interactuar en el mercado internacional exportando materias primas e importando capitales, tecnologías y mano de obra foránea.

La ciudad de Buenos Aires experimenta un notable crecimiento, generándose la necesidad de crear una imagen cosmopolita y moderna.

Para lograr este objetivo la elite gobernante inculcará el deseo de mimetización de la ciudad de Buenos Aires con cualquier ciudad europea.

Uno de estos nuevos modelos importados es la galería comercial, que entra a Buenos Aires intentando relacionarse con significados propios de nuestra historia.

Por otro lado en los comienzos del nuevo siglo XX impera, en la República Argentina, una actitud de reacción contra todo vestigio proveniente de la península ibérica.

Los porteños reciben gustosos su nuevo affaire
con la cultura francesa y la fina intelectualidad de los ingleses.

La introducción de los modelos europeos produce un proceso de transculturación, es decir, el encuentro de estas dos culturas con marcadas diferencias en su organización y la posterior conjugación de ambas generando una nueva manifestación.

Con el paso del tiempo la galería pasa a formar parte del patrimonio de Buenos Aires y, por ende, de la identidad de sus habitantes.

Ya desde la construcción de las más antiguas galerías, como bien se demuestra en las denominadas Pacífico y Guemes, observamos la importación de modelos adaptados a las condiciones locales mediante mínimas transformaciones.

Por ejemplo, las bóvedas transparentes de la Galería Vittorio Emanuelle se materializaron en las Galerías Pacífico en membranas opacas.

Galerías Güemes

Su origen

Las galerías surgen como consecuencia de la tendencia irrefrenable del hombre hacia el comercio y sus misterios. Antes de que estas existieran, el comercio se llevaba a cabo en ferias, mercados o bazares.

Pero en el siglo XVIII comenzaron a darse una serie de cambios que llevarían a la construcción de las galerías, comenzando en 1790 con la Royal Opera Arcade de Londres, y estas pasaran a ser los grandes centros del comercio.

Entre los siglos XV y XVIII surgen en Europa transformaciones en la forma y contenido de la vida urbana. Este nuevo complejo de rasgos culturales derivan en la creación de una nueva economía: el capitalismo mercantil.

La sociedad comienza a buscar una imagen refinada que se identifique con este nuevo ideal, y surge la necesidad constante de estar a la moda. Aumenta la oferta y demanda de artículos lujosos y superfluos ya que la gente asocia el poder adquisitivo con el acceso a niveles mas elevados de la escala social.

Esta situación se refleja en la ciudad. Proliferan las tiendas y los comercios y se incrementa el valor del suelo en dichas áreas. Se enriquece la estructura urbana con la construcción de locales hacia el interior de las manzanas. Surgen las calles privadas de uso público. Dichas calles ofrecen recorridos lineales y claros donde se conjugan actividades alternativas:
pasear, comprar, recrearse, encontrarse y lo más fundamental:

mirar y ser visto.

Se concreta así un nuevo modelo arquitectónico: la galería comercial.

Antes de que comenzaran a construirse esos palacios y calles, es decir esas tiendas lujosas tal como hoy conocemos, los puestos comerciales que estaban directamente sobre la calle, aislados y con mostradores, poco se diferenciaban de los comercios de la antigüedad y la edad media.

Sólo en escasas ocasiones, por decisión de algún grupo de comerciantes, o en algún primario intento de planificación, se agrupan en recovas, tales como la vieja Recova del Paseo de Julio (que actualmente es la avenida Leandro N. Alem) en Buenos Aires, o la recova medieval de Chester.

La arquitectura del poder

Este estilo arquitectónico se origina en pleno auge del capitalismo, y las galerías aparecen como el edificio propio de este hombre capitalista de fin del siglo XIX, como una demostración de que es el "homo mercator" el que ha desplazado al homo sapiens, que adopta una nueva escala de valores en la cual tener más es ser más.

Así el dueño de la galería cuando intenta sellar su poder, en vez de crear sus galerías con un estilo nuevo y buscar originalidad, se encuentra seguro en la reputación de un período cultural considerado esplendoroso en la apoteosis del positivismo: el Renacimento.

Es que el comerciante ha decidido recurrir al prestigio de la cultura clásica como una manera de dar legitimidad a su poderío...

Ramón Gómez de la Serna define las galerías como "museo de lujo y bagatela, tiene como catálogo propio y todo vive en un concierto recatado en espera acuciante, pero sin apremiar".

Pero mucho más agresivo fue Ugo Momeret de Villard, "es triste decirlo, pero gran parte del siglo XIX se ha nutrido de esta corrupta heredad, se ha arrastrado desde el plagio vulgar de las formas clásicas y del Renacimiento hasta la pueril falsificación de la arquitectura de la antigüedad."

Sin embargo, la dureza de estas críticas no debería constituirse en un obstáculo que nos impidiera apreciar el esplendor de estos clásicos edificios de la ciudad de Buenos Aires.

El Palacio Barolo

Está ubicado en histórica e hispánica Avenida de Mayo (su altura exacta es 1370).
Fue proyectado en 1919, por el arquitecto Mario Palanti (1885-1968) y terminado en 1923.

Consta de16.6630 m2 y fue el edificio más alto de la Argentina durante poco más de una década, hasta ser desplazado por el Kavannagh.

Tiene un gemelo en Uruguay (llamado Salvo). Desde un inicio provocó cierta perplejidad; se hablo de estilo "remordimiento italiano", gótico romántico, castillo de arena o cuasi gótico veneciano.

Su financista, el multimillonario italiano Luis Barolo, había llegado a la República Argentina en 1890 y fue quien instaló la primera hilandería de lana peinada, y más tarde, los primeros cultivos de algodón en la Provincia del Chaco.

El Palacio Barolo conserva en funcionamiento sus once ascensores, diseñados especialmente, y también su faro de 300 mil bujías en la cúpula, que sigue encendiéndose en ocasiones especiales (en 1923 anunció a la ciudad el resultado de la histórica pelea de boxeo entre Firpo y Dempsey), y su luz se alcanza a divisar desde Uruguay.

Varias oficinas del Barolo están ocupadas por estudios de arquitectura y desde algunas de ellas, la vista sobre la Avenida de Mayo y la ciudad es espléndida.
En sus locales de planta baja, funcionó hasta su desaparición la agencia de noticias Saporitti.

Mario Palanti se destacó por su cuidado por el detalle, como por ejemplo sus citas personales en latín, muchas referidas a la Divina Comedia de Dante Alighieri, poeta al que admiraba tanto que el célebre arquitecto hizo coincidir la apertura de su edificio con el aniversario de Dante.

En su obra se observa una evolución del más acentuado academicismo itálico a una especie de expresionismo arquitectónico rimbombante inédito y barroquizante.

Entre sus demás construcciones en la ciudad se destacan: El Hotel Castelar (llamado Excelsior y cuya edificación original data de 1928); el Cine Roca (Avenida Rivadavia 3736, realizado en 1914); el Banco Francés Italiano (en la esquina de las calles Perón y San Martín) y la casa de rentas de las avenidas Santa Fe y Callao.

El arq. Federico Ortiz definió a Mario Palanti de la siguiente manera: "un fenómeno difícil de ubicar y que sólo se puede describir por analogía; tiene algo de Verdi, de D'Annunzio y también algo de Cellini; es un estilo de individuo imposible de entender sin asimilarlo a determinada manera de ser esencialmente italiana, exuberante y tempestuosa"

Galería Guemes

Se encuentra en la célebre calle Florida, muy cercano a calle Luis Saenz Peña o la Avenida Roque Saenz Peña (conocida popularmente como Diagonal Norte).

Fue realizado por Francisco Gianotti (1881-1967), y construido a pedido de los salteños David Ovejero y los hermanos Víctor y Emilio San Miguel.
Anteriormente era el Palacio Supervielle. Sus 87 metros, terminados en 1915, de altura hicieron de ella el edificio más alto de la ciudad.

Se concentraron en esta galería las actividades comerciales y financieras, y un teatro en el subsuelo, que generalmente estaba dedicado al género picaresco.

La galería fue durante mucho tiempo el orgullo de Buenos Aires. Su arquitecto, que había estudiado en Turín y llegado a la Argentina en 1909, tomo como modelo a las galerías Vittorio Emmanuele, de Milán.

Además, Gianotti tiene en su haber ser el realizador de otro hito en la arquitectura y la historia porteña: el café El Molino.

También es el creador del Banco di Napoli (Maipú y Diagonal Norte). Él lo diseñaba todo, desde las manijas hasta la forma final del edificio, al igual que lo hacía Palanti aunque toda su obra es más austera.

La imaginación y desprecio por los convencionalismos, se observa con sólo elevar la vista desde Florida y ver el aventanamiento del último piso y el remate de la torre de agua para probar que esta es una obra más que original para su tiempo.

La doble altura de la galería y las dos grandes cúpulas de claraboya, situadas entre los cuerpos del edificio, crean un ambiente sugestivo y de gran interés espacial. Además posee tres subsuelos y, como curiosidad, un código postal propio.

Si bien es considerada como uno de los símbolos de la calle Florida, las Galerías Guemes pasarán a la historia gracias a Julio Cortázar, que las eligió como escenario de "El Otro Cielo", relato con el que cierra su obra "Todos los fuegos el fuego".

El protagonista de ese cuento da una particular versión de la galería, "hacia el año veintiocho, el Pasaje Guemes era la caverna del tesoro en que deliciosamente se mezclaban la entrevisión del pecado y las pastillas de menta, donde se voceaban las ediciones vespertinas con crímenes a toda página y ardían las luces de la sala del subsuelo donde pasaban inalcanzables películas realistas."

En los años '70 un incendio ocasionó la perdida de la fachada de la calle Florida y los primeros metros de la galería. En su reconstrucción no se respetó el estilo arquitectónico, sino que se aprovechó para realizar oficinas, que en la actualidad llegan a 400 y que están distribuidas en tres pabellones interiores. Funciona como pasaje entre las calles Florida y San Martín.

Durante aproximadamente 60 años perteneció a la familia Diarbekirian, de origen armenio, quienes en la década del 30 fundaron Danubio, una casa fabricante de hilados y tejidos, que tenía un llamativo local en la esquina de las calles Salta y Moreno. A fines del 97 ellos vendieron su parte -el 60% del paquete accionario- a un grupo bancario.

Pero ese no fue el único cambio relevante en la historia de la "elegante caverna". Hasta hace un poco más de 20 años funcionaba el hotel Guemes, y el teatro, que siempre estuvo dedicado al género picaresco, casualmente fue ocupado en la década del 70 por un espectáculo de Strip-tease.

Los vitreux de las cúpulas fueron cambiados por los actuales vidrios luego de ser despedazados por el cuerpo de una artista que se arrojó desde un piso superior.

Galerías Pacífico

Fue proyectada en 1889 por los arquitectos Agrelo y Le Vacher, como una copia de una galería de París, Bon Marche, cuyo nombre incluso también se pensó reproducir.

Consta de una planta en forma de cruz, con entradas por Florida, Córdoba, San Martín y Viamonte. La intención original era que estos cuatro accesos tuvieran la misma importancia, pero la realidad urbana dio relevancia a sólo dos: Florida y Córdoba.

Esta construcción se implanta en la ciudad como una forma de representar la consolidación, económica y social, recientemente adquirida por el país y como la posibilidad de asemejar a Buenos Aires con una ciudad europea: Milán.

Tuvo una importancia histórica accidentada, debió haber sido como la Vittorio Emmanuelle o como las Lafayette de París. Pero nunca se terminó de techarlas, y en lugar de ser un centro comercial sus locales fueron utilizados como "ateliers" de pintores y peñas literarias.

Durante cierto tiempo funcionó allí el Museo Nacional de Bellas Artes.

Luego fueron compradas por el Ferrocarril Pacífico, que instaló sus oficinas, y en 1946 abrió con el nombre actual, tras ser terminadas por los arquitectos Aslan y Ezcurra.

La bóveda central fue decorada por Spilimbergo, Berni, Castagnino, Urruchúa y Colmeiro, es decir por quienes pueden ser ya considerados como clásicos de la joven pero prolífica pintura argentina.

La galería funcionó durante algunos años y luego - tras volverse propiedad del estado, con la nacionalización de ferrocarriles durante el gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1955) -, entró en una progresiva decadencia, para terminar totalmente descuidada.

La reciente remodelación, y su reinauguración en 1992, ha devuelto al centro de la ciudad uno de sus espacios más atractivos.

En la restauración merece un espacio destacado, como reminiscencia al antiguo Museo Nacional de Bellas Artes, el Centro Cultural J. L. Borges, que tiene su ingreso por el segundo piso y ocupa íntegramente la tercer y cuarta planta de la galería, con dos cines, un cómodo auditorio para 370 personas, varias salas de conferencia, y más de 10.000 m2 de espacio disponible para exposiciones de arte.

Pasaje Roverano

Este pasaje nace como consecuencia de la apertura de la Avenida de Mayo (inaugurada el 8/7/1894).

Su altura es Av. de Mayo 560, a continuación del Cabildo, y la edificación original de 1878, que con el trazo de la avenida debió ser modificada.

El edificio era propiedad y residencia de Don Angel Roverano.

Inicialmente tenía dos plantas con actividades bien diferenciadas. En el nivel inferior funcionaba una galería con locales destinados, en su mayor parte, a servir de estudio a escribanos y abogados, dada su vecindad con los Tribunales, en esa época situados en el Cabildo. La planta alta estaba destinada a viviendas.

Realizada la apertura de la Av. de Mayo, el edificio quedó sin fachada sobre el nuevo boulevard, hasta que en 1912 comienza la remodelación, obra del arquitecto Eugenio Gantner, que termina en 1918.

La transformación fue importante: la planta baja quedó convertida en un pasaje, se le agregaron tres subsuelos y seis pisos. En total la superficie cubierta es de 6.250 m2, la del lote 748 m2. Las medidas de sus frentes son: 17,20 metros sobre Av. de Mayo y 16,20 metros sobre H. Yrigoyen.

La galería o pasaje, que desemboca en la calle Hipólito Yrigoyen, está comunicada, mediante una curiosa entrada con la Estación Perú del Subte A.

Esta unión entre el edificio de Sr. Roverano y la estación de la Cía. de Tramways Anglo-Americana data de 1915.

El Roverano fue construido con materiales importados y una excelente mano de obra, como todavía se puede observar en sus vitrales, sus vidrieras curvas y las originales carpinterías de bronce de los locales del pasaje, en que una media caña estriada se enriquece con cintas y hojas de laurel, gracias a Dios aún conservados.

Galerías Jardín

La concepción de galería comercial, como una calle interior que corta una cuadra, se mantuvo invariable desde la perspectiva funcional aunque con la modificación del estilo arquitectónico. Recién en la década de los 70 se modifica ese diseño con la aparición de las galerías Jardín.

Anteriormente ese predio estaba ocupado por el magnífico edificio del Jockey Club, hasta que fue quemado el 15 de abril 1953 por simpatizantes peronistas. En este incendio se perdieron irreparablemente, entre muchas obras de arte, varias pinturas de Goya y Velázquez.

En 1973, el arquitecto Mario Roberto Alvarez inicia la construcción de las Galerías Jardín, que culmina tres años más tarde.
En su conjunto existe un carácter dinámico y ordenado, que lo hace destacar respecto de un entorno circundante de características asfixiantes y de alta densidad edilicia.
Su patio interno genera un especial microclima, especialmente en verano, pero se puede decir que desde el punto de vista funcional presenta algunas dificultades, tales como la corriente de aire que barre el interior en las épocas invernales del año y su circulación horizontal un tanto complicada, lo que ocasiona la desocupación de ciertos locales en el subsuelo y en el piso superior.

Entre otras obras de Mario Roberto Alvarez, en la capital argentina, se pueden destacar los edificios de American Express, IBM (1983), el Centro Cultural San Martín (1961) y el ex edificio SOMISA (1966).
La mutación de las galerías

La aparición del shopping center, heredero de las antiguas galerías, tiende a configurar un notable cambio en la concepción urbanística.

Se puede considerar que es la propuesta ideal para una nueva forma de comercialización, que ya no se trata de calles públicas destinadas al comercio, por lo tanto, integradas a la ciudad, sino que constituyen verdaderos barrios con una trama laberíntica para que el visitante se pierda en una pequeña aldea destinada al consumo.


Sin embargo, la elegancia y el señorío con que fueron realizadas las ha convertido en un espacio clásico de Buenos Aires, sobreviviendo a las insípidas galerías de los años 50 y 60, y compitiendo, con leves modificaciones, con la moda de los shopping center.

Es que un paseo por sus calles no sólo devuelve imágenes del pasado, trae también a sus fantasmas.


Bibliografía

"La guía Pirelli. Buenos Aires sus alrededores y Costas del Uruguay" Editorial Sudamericana 1993.
Revista Summa Temática 1990. "Transculturación de modelos en la arquitectura de nuestra ciudad: el caso de las galerías comerciales" de la arq. Marina Aguerre; arq. María Laura Fernández Landoni.
"El alma de las galerías" por Ramón Gómez de la Serna. Artículo tomado de la biblioteca de la Sociedad Central de Arquitectos de la ciudad de Buenos Aires.
Compilación de trabajos de alumnos de arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, facilitados por la biblioteca de la Sociedad Central de Arquitectos.
Suplemento de Arquitectura del diario La Nación. Agosto de 1996.
Suplemento de Arquitectura del diario Clarín. Julio de 1995
Artículo de Luis Ceriotto del diario Clarín del 4 de diciembre de 1997

Por Pablo Rodríguez Leirado

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